23/12/16

Autopromoción

Amistad recién aceptada y...

—Hola, amiga. Éste es mi poema de hoy. Espero que disfrutes tanto de mi poema al leerlo como yo al escribirlo.
—¿Te refieres al de la delectación armoniosa en tus pupilas?
—Sí.
—Bueno, yo no me voy a correr al leerlo como tú al escribirlo.
—Entiendo. Pues espero que disfrutes CASI tanto como yo, entonces.
—Bueno. Muy bonito, pero no hace falta que me los mandes por privado.
—Es para que disfrutes. Has dicho que era muy bonito.
—No tanto como para leerte más a ti que a cualquier otro poeta de la historia de la humanidad.
—Entiendo.
— :) Bien.
—Te mandaré menos. Cada dos o tres días.

Fea

Se volvió tan fea como un charco de nieve derretida. De repente no sé que hizo con su vida pero empezó a meter la pata y se puso fea. Lo tuvo todo en sus manos. Todo lo tuvo la muy imbécil. Podía haber conseguido lo que hubiera querido. Pero se volvió fea como un árbol al lado de una cantera. Yo le dije tendrás lo que desees, tienes 10 años para conseguirlo. Y ella lo tiró todo por la borda. Emitía luz cuando caminaba. Pero estaba contaminada, y no lo vi hasta que fue demasiado tarde. Ahora se ha vuelto fea, fea como una tarde de domingo. Se ha casado con uno del pueblo que tiene una tienda de calefacciones. Me desgarra verla tan fea. No quiero. Me niego a verla tan fea. Cerraré los ojos. Fuera, hija. No quiero verte.

10/11/16

La soledad sonora

La soledad sonora


Sabía que no tenía que haber bebido cerveza. Lo sabía, y cuanto más nerviosa estaba
más ganas tenía de beber más cerveza. Cuando llegó al hospital imaginó que el médico
asentía mirándola con compasión. Mientras esperaba miraba el césped desde la ventana,
agarrando la mano de su madre y recitando a San Juan de la Cruz.
—Los valles las montañas
los prados solitarios nemorosos
las ínsulas extrañas
Había en la sala de espera dos tíos altos que eran pareja, fijo, y dos putas con dos tíos.
Uno de ellos, carranco, con pantalones blancos de pana, golpeaba en la entrepierna, con
un llavero, a una de ellas, que se reía como una rata. Parecían sans-culottes. A una de
las chicas, la más flaca, incluso le faltaban varios dientes. Uno decía:
—Pues si el Sida se pilla por no usar condón yo debo estar hasta las pestañas - y se reía.
—Dios qué asco -dijo su madre.
Entró uno de los dos tíos altos. No se sabía el poema entero así que dejaba que por su
mente pasaran versos sueltos y, de ellos, alguna palabra cayera de sus labios.
— Levantes de la aurora.
— ¿Qué?
— Nada.
— Soledad sonora.
Enamora.
Que voy de vuelo.
— ¿Hueles a cerveza?
— Pacerá el amado entre las flores.
— ¿Pero qué susurras?
— Nada.
— ¿Hueles a cerveza?
— ¿Cómo voy a oler a cerveza?
— pareció.
Cuando salió el tío intercambió una mirada con el que lo esperaba en la sala. Hizo un
pequeño gesto afirmativo con la cabeza y, en vez de dirigirse a él, se fue a la salida. El
otro se levantó y lo siguió.
Entró una de las putas, la más gorda. Ésta era felliniana. Alguien le había comentado a
ella que había putas guapísimas. Éstas debían de ser muy baratas, pensó sorprendida.
Debían de ser regaladas. A lo mejor ni siquiera eran putas.
—a dónde te escondiste, amado
y me dejaste con gemido
— algo?
—no.
piña.
en cuevas de leones
Salió la puta felliniana y dijo, agarrándose el bolso.
—¡Hala, venga! ¡A correla!
— el tema? Ya era hora, hombre de Dios -dijo el del llavero.
Se fueron.
— López -dijo la enfermera, mirando a la sala ya casi vacía.
Ella entró. Tenía los ojos llorosos.
—Siéntate.
Temblaba.
—Bueno, aquí tenemos... el resultado es negativo.
—¡¿Cómo?! -se le encogió el corazón. Se detuvo.
—Que es negativo.
—¡Ay!
—¿Qué?
—¿Cómo que es negativo?
—Pues... que no hay nada. Que no tienes el virus.
—¿El sida?
—Sí.
—¡Ay! —dijo, y se le escapó el aire del pecho. No pudo, por más que lo intentó, evitar que
le cayeran dos lágrimas.
—Pero bueno, mujer. ¿Lloras por eso?
—Sí —rió ella.
—¿Pero tanto miedo tenías?
—Sí.
—A ver, ¿pero tú qué haces, para tener tanto miedo? ¿Tantas relaciones tienes?
—Bueno...
No podía decir que no había prácticamente ninguna probabilidad. Que no salía de casa.
Que vivía en Internet. Que era medio virgen y que, desde luego, jamás había compartido jeringuilla
con nadie. Era vergonzoso. Tenía que inventar algo.
—Un chico que no conocía muy bien...
—Ay, Dios. Bueno, anda. Pues puedes estar tranquila.
—Bien —sonrió ella.
—Y ya sabes. Siempre con preservativo, ¿de acuerdo? Lo mejor es tener relaciones
estables.
—Vale.
—Hala, ya puedes irte.
—. Hasta luego.
Cuando salió sonrió a su madre, que la miraba malhumorada. No dejaba de sonreír.
—Qué boba eres.
— mosto de granadas gustaremos -sonreía mirando por la ventana.
—Vamos, anda. A mí no me líes más, eh, te lo advierto. Es la última vez que me arrastras
a un médico con cosas de éstas.
—Vale.
El canto de la dulce Filomena
con llama que consume y no da pena.

1/11/16

Difuntos

Antes hacía siempre sol en difuntos. Nos perseguíamos entre las tumbas. Nuestras amigas pelirrojas venían desde la lejana ciudad en que vivían y la alegría nos llenaba. Nos veíamos en el cementerio. Nos saludábamos desde nuestras respectivas tumbas y a los dos minutos ya estábamos juntas. Había brisa y cantaban los pájaros. Sonaban algunas toses en medio de la tarde seca.

Íbamos, intentando no hacer ruido, a ver los mausoleos neoclásicos de las antiguas familias ricas de la villa, que parecían pequeños palacios para jugar. Después íbamos a la zona de los niños, que no tenían lápida. Eran sólo unas elevaciones de la hierba, del tamaño de bebés que durmieran de lado, o boca arriba, a veces con una cruz, algunas incluso con una foto. Mirábamos las fechas con ojos asombrados.

El cura daba la misa desde el panteón de Concha Heres, un edificio enorme y de formas onduladas situado sobre un promontorio, al que algunas veces íbamos también a contar historias de terror. Nunca me dieron miedo los cementerios. Yo sólo tenía miedo en mi casa, de noche. Como tú, Monito.

Últimamente siempre llueve en difuntos. Planeo un alegre paseo hasta el cementerio con vosotros, para que juguéis entre las tumbas blancas, pero siempre hay una llovizna espesa flotando a la altura de nuestras cabezas y no puedo ir. Aún no nos hemos acostumbrado al cambio de hora y llega la noche cuando nos levantamos de la siesta y parece que hay que apagar las luces porque el mundo cierra los párpados.

22/10/16

Ancianas


Sumados mis años a los de aquella vieja en cuya sala -sala que bañaba un sol clarísimo y sin brillo- oí el tictac de un reloj por primera vez, hacen ciento setenta. ¿Imaginas, cielo? Si me echo encima toda su memoria, supongamos, y tengo derecho, aunque ella no supiera nunca que una niña de dos años guardó su imagen en blanco y negro -ropas negras, pelo y piel blancos, tapete de ganchillo blanco- un año tras otro tras otro tras otro hasta su propia ancianidad. Ahora. De su niña a mi anciana, ciento setenta años. Su sonrisa quedó suspendida sobre mí durante tanto tiempo que parecía congelada. Había una escalera en su salón que llevaba a un desván. Mi abuela hablaba con ella con respeto. Estaba sentada en una mecedora. Es demasiado perfecto el cuadro, lo sé, pero así es: tenía postura de mecedora, con las manos en el regazo, y cuando oí el tictac del reloj se me ocurrió que el suave balanceo de la mecedora era un movimiento mecánico, que la anciana era como la bailarina de una caja de música -había una sobre la chimenea de mi abuela- y que pronto sonarían en aquel silencio terrible notas de una dulzura insoportable. La habitación me pareció angustiosamente tranquila y clara. Era un reducto de luz, un huevo de claridad mate. Olía, además, a eucalipto y desde entonces asocio el olor a eucalipto con la vejez. Mi abuela hablaba muy alto para que la vieja oyera, pero, aparte de eso, mantuvieron una conversación de personas adultas. Ni se reía de ella, ni la trataba con condescendencia, ni la reñía. He visto después que mucha gente tiende a tratar así a los ancianos, como si no fueran ya individuos enteros y se les pudiera hablar como a niños. Y he visto a muchos ancianos aceptar gustosos el papel, desde luego. Pues bien, cielo. Si yo tengo ochenta años, y tenía dos o tres años cuando entré en la habitación del tiempo, y la anciana guardiana tenía ochenta o noventa, podemos sumar unos ciento setenta. Eso nos pone en el año 1847. Imagina. Vestían con corsé y enaguas y faldas. Y cuando se retiraba el sol sólo tenía un candil. Gran oscuridad. Gran claridad. Frío en invierno. Agua pura. Cielo estrellado sin contaminación lumínica. Estruendo de pájaros, furor de insectos. Tienes que estudiar ese año. Ese siglo. ¿Has escuchado el silencio, cielo? Mira, esta app imita el sonido de un reloj de péndulo. Dentro de un rato dará la hora. Te he visto buscar el origen del tictac. Nunca lo habías oído. Te estás adormilando y no importa, porque tú no entiendes mis palabras. Espero que recuerdes esta habitación blanca, mi pelo recogido en un moño. Te sorprende la ausencia de motores y sirenas, lo sé. Dice tu madre que en Colombia también vivía en una casa silenciosa, en un pueblo. Y que a ti te gustará estar aquí conmigo mientras hace las tareas de casa. Atiende, pequeña. Aquella anciana no era mi sangre, así que no es necesario que tú lo seas para que yo me convierta en medida para ti. Sumando tus años a los que yo cargo serán, dentro de ochenta años, doscientos cincuenta. Año 2097. Todo será tan distinto como no puedo imaginar y, a la vez, todo será exactamente lo mismo. Habrá pueblos y barrios viviendo en el Neolítico y otros creerán que la tecnología los ha salvado, aunque no sabrán de qué, y temerán a la muerte mucho más que sus abuelos. Pequeña mía. Me adormilo ahora. Dile a tu madre que puede traerte siempre que quiera. Que traiga tus juguetes y los eche ahí en una esquina. Yo di un beso a la anciana cuando mi abuela se despedía, ¿sabes? Al salir la vida volvió a su ritmo normal, las voces se hicieron eficientes, todo tenía una finalidad. Pero nunca olvidé a la anciana del tiempo, del huevo de claridad.

21/8/16

10/8/16

Otro tiempo

Mi padre contaba (el imperfecto es porque en mi recuerdo no deja de ocurrir, lo veo al tren entrando, entrando, entrando) una anécdota poética de una sola palabra sobre los trenes. Sobre el tren. El Vasco. Muy bella. Sencilla. Bella.
Llevaron a uno a verlo, uno de una aldea. A conocer el tren.
Esperaron en un prado. La mañana de verano, las varas de hierba, el olor a hierba, la hierba, el zumbido de las abejas, la tierra negra y húmeda, el vapor, la calima, la boina. Vendría el tren del mar, del Espigón, y soplaba de allí brisa que parecía oler a mar y entraba en su camisa blanca de domingo, empapada, refrescándolo.
Vino la máquina, el humo, el ruido, el poderío más bello que la Victoria de Samotracia.
Todo esto me lo estoy inventando.
Pero no esto: lo que dijo. La palabra. Dijo el mozo después de que el tren fuera de frente a la montaña (y entrara en el túnel, quizá entre maleza o vegetación, pero él nada sabía de túneles), dijo llevándose las manos a la cabeza, después de que no ocurriera el choque atroz, después de esperar el cataclismo y que no llegara:
«¡Sumióuse!»
Es una anécdota de una sola palabra.
Se sumió. Se sumió la bestia de hierro en la montaña, sin choque, como un cuchillo en una mantequilla.
Recordaré la anécdota a mi padre y le pediré que me la vuelva a contar. Porque ese «¡Sumióuse!» tiene que ser con su voz que replica la maravilla de la experiencia. Heredada también para él, pero suya. Y mía. Y de quien lea.

Ríos de terror

Pensaba de pequeña que la carne nervuda que no se podía masticar, aquellos filetes atravesados por nervios duros, era de animales que habían muerto presas del pánico. Ríos de terror. Ríos plateados de terror. Que la carne tierna era de animales que habían muerto en paz.
Porque acabo de ver que decía Damiano que decía Canetti: "Todos esos sentimientos inútiles, como los de los animales antes de ser sacrificados."
Todos esos sentimientos inútiles.
Como los nuestros antes de caer de rodillas, rendidos. Ríos plateados de terror.

26/7/16

Samurai, Ternero


Dejemos esto claro, Ternero:

Yo no rompí tu nave por verte llorar. Es cierto que me da placer verte llorar cuando lloras porque quieres un bocadillo de nocilla y no puedes esperar a que me seque las manos, o cuando lloras porque te decimos que no existías cuando fuimos con Monito al Parque del Barco Pirata. Ni siquiera cuando, para consolarte, decimos que ibas en la barriga. Es cierto: tu boca cuadrada y tus ojos como dos rayitas en medio de esa cara colorada y redonda despiertan mis deseos caníbales y no puedo evitar achucharte.

Pero dejemos esto claro: no rompería tu nave tan sólo por verte llorar. Es porque te pregunté, desesperada, cómo se apagaba ese sonido como de despegar con ráfagas de ametralladora y explosiones, y me dijiste que sólo “hay que epedá”, y epedé, te lo juro, epedé mucho tiempo, varias lunas me pareció, y no lo soporté más. Cuando todos gritabais a la vez agitando las espadas sobre vuestras cabezas creí que un efecto así de dramático provocaría un silencio maravilloso. Ese silencio imaginado me cegó: por eso arrojé la nave contra la pared con aquella furia de samurai entonando en japonés.

¡Pero normalmente os morís de risa cuando hago de samurái!
No llores más, Ternero. abrázame.

22/7/16

Cuerpo

La anciana de pelo blanco va al fisio. Es su placer. Prefiere gastarse en dinero en un buen masaje que en cualquier otra cosa. Se da un baño perfumado antes. Se pone sus mejores enaguas y sus prendas interiores más finas. Se prepara con tiempo. Camina recogida como una monja, con las manos sobre el estómago y en ellas la cartera. Cuando llega a la consulta se sienta en la sala de espera. El chico es moreno y fuerte. Tiene una sonrisa bonita y las manos calientes. Sonríe mientras la masajea suavemente porque su piel es fina como papelillos de liar y porque sabe que ella va para sentir el calor de unas manos, sangre que fluye por otras manos, vibración de otras manos en su cuerpo.

20/7/16

Esbozos

Siempre que veo a alguien dibujar o pintar, yo fascinada, hipnotizada (ahora es más frecuente: hay muchos vídeos de time lapse por ahí), pienso que han acabado mucho antes de que acaben y con cada nuevo trazo me maravillo de cómo de informe estaba la cosa cuando yo la creía terminada, de cómo mejora, de cómo se enriquece. Es algo que sé desde que me recriminaban los profesores que me diera pereza explicar en los exámenes lo que yo sabía que ellos sabían y esperaba supieran que yo sabía.
Qué triste.
Lo mío son los esbozos.

19/7/16

Amor

Qué futilidad, amar a los inocentes. Amas a los animales, que nunca te decepcionan. Amas a los niños, pero cuando crecen se vuelven desleales y duros. Piensas que los hombres y las mujeres que habitan el mundo son estúpidos y malvados. Amas, dices, la belleza. Dices que aun hay quien sólo ama las piedras y los ingenios.
En la feria se pasean todos con grandes helados, sus voces y mentes son groseras y no saben lo que les conviene. Votan mal. El mundo es corrupto y la gente fea.
Tú lavas con tu dulce amor pies que no necesitan ser lavados.
Mira esa joven sentada a la mesa. Tiene papada y vello en las sienes. Le cuelga el labio. Mira la pantalla de su móvil. ¿La amas? Mira al borracho que se ha caído en la acera. ¿Lo amas? ¿O amas sólo aquello en lo que te reflejas con gusto?
¿Crees que no requiere esfuerzo amar?

15/7/16

Me dicen quienes me quieren

Me aconsejan los que me quieren
que no me meta en barahúndas
y no pretenda hacer oír
a quien no tiene oídos
y no quiera hacer ver
a quien no tiene ojos.
Porque me ven temblando y embarrada
me dicen que me vaya a mis poemas
a mis gifs mágicos. A mi silencio.
Que abandone la nave de los locos.
Agacho la cabeza y digo sí.

Y así siempre
y así siempre.


14/7/16

Carpetas


Monito, 9 años.

—Las carpetas son verdaderamente un invento fantástico.
—¿Verdad? Qué inteligente el inventor, eh —irónica.
—Ahora ya no tengo las cosas tiradas por la mochila.
—Vaya, pues cuánto me alegro.
—Yo antes pensaba que no existían.
—¿De verdad?
—Sí, creía que sólo existían las del ordenador. Pensaba "ya podía haber algo así en la realidad". ¡Y existen!

Adolescente

Para saber a qué hora llega y que no lo hace en una condición puramente bestial y babeante, dejo al adolescente una palabra bajo el felpudo que él tiene que whatsappearme. Son preciosas. Escribo: cornamusa, alimañero, infinitos, reverberación, congrio, abencerraje. Él las teclea y se mete vestido en la cama. Yo espero que me pregunte algún significado o que me diga que me he superado, que cada día son más bonitas, pero nunca me dice nada. Apenas si existo.

12/7/16

Amenazas

Tú me esperabas bajo pinos de terciopelo.
Yo tenía las manos ocupadas
susurraba amenazas:

te voy a comer el pie de nata

de melocotón

maldito provocador

tu pie es como un cerdito

y lo voy a devorar

Te voy a comer empezando por los pies.
Te voy a hacer cosquillas hasta que dejes de pedir más y más

y más.

6/7/16

Ladrido



Solo el lejano ladrido

de un perro medieval

me arrancó del ahogo de la luz.

Tal era la fealdad del cementerio.

Solo el eco del ladrido,

un tintineo

en la ciudad sin aire.

30/6/16

Concentración

i.

- Es un libro que estoy leyendo, que me revuelve, me dan ganas de clavarme cosas punzantes.
- ¿Qué libro es?
- No te lo diré.
- ¿Por qué?
- Porque sabrías demasiado. Me avergonzaría.
- A mí me llena de paz el que estoy leyendo.
- ¿Cuál es?
- No, no, no te lo diré.
- ¿Por qué?
- Porque también tengo intimidad.
- Perfecto. Me daré la vuelta y no te miraré. Si crees que me importa estás muy equivocada. Sé que lo dices porque yo no te he dicho el mío. Ay, he comido demasiadas anchoas. Las tengo a todas nadando en el estómago, anudándose.

ii.

Querida hormiguita:

¿Recuerdas cuando te observaba trabajar? Siempre has sido tan delicada. Refulgías en medio de las otras blandengues, dura y metálica. Yo fui el primero que te vi. Estaba siempre tan excitado por aquella época, sin dirección, sin saber cómo verterme afuera. No había nada que me excitara más que verte CONCENTRADA en los descansos, con tus libros. La concentración me puede, siempre me ha podido, no puedo contenerme ante la concentración, necesito tomar un instrumento y descerrajar algo, tengo esa necesidad. Queridita, queridita flor. Nunca me perdonarás. La añoranza de verte en la cadena de montaje, utilizando las manos, tan inmensamente seria, me llena de ansiedad. ¡Cuánto me has dado!

Ahora sé cuándo se estropeó todo. Tú me suplicaste que te hablara de ella, y gritaste de libertad. Sé que te produce tanto dolor que mencione sus muslos que no podrás ni llorar. Eres una pobre ingenua si crees que me importas en absoluto, siempre has sido una pobre ingenua. ¡Lee! ¡Lee tu mierda de libros y muérete! Y su garganta, y sus ojos, y su culo y su ombligo…

Te quiere,

No te quiere. ¡No te quiere!

iii.

Ella entra, seria y dura. Es de metal, es igual que una hormiga de metal, casi no habla. Su cara de lado es lisa, de una pureza que nunca he visto. Cuando expulsa el humo del cigarrillo, con su pelo liso tras la oreja, es como una niña. Lee el periódico y después se sienta en el grupo de los gemelos. Creo que sale con un gemelo, no sé cuál, pero jamás la he visto tocar a nadie. Jamás me mira cuando me pide algo, y no permite que le toque la mano al darle el cambio. Sin embargo, cuando sale, tambaleándose, casi cayéndose, apoyándose en los respaldos de las sillas, ¡oh!, me mira y me saca la lengua, siempre seria. Se va antes que los otros, quizá porque aguanta menos. A veces se cae en la puerta, y yo la recojo, y llamo a un taxi, y espero con ella a que llegue el taxi, y la beso, y la toco por todas partes, todo lo que quiero. Si vomita la tomo por los hombros y la vapuleo y la insulto. Ella nunca recuerda nada.

27/6/16

Yo soy

-Tu no eres.
-¿Yo no soy?
-No. Era una chica más joven que trabaja aquí, parecida a ti, pero no eres tú.
-Aquí no trabaja ninguna chica más joven.
-Pues tú no eres, te digo.
-Yo soy.
-No, no, te digo que no. Bueno, perdona, ¿eh? Era para preguntar por Irene. Pero si no eres tú, nada.
-Tranquila.
He estado mirando una y otra vez el vídeo en que Thich Nhat Duc se inmola y no grita ni mueve un sólo músculo. Permanece en paz en posición de meditación hasta que cae.
-S-sí… Perdona, ¿eh?
-Claro, no pasa nada. Tranquila.
-Dale recuerdos a Irene.
-No conozco a Irene. Pero soy yo.

25/6/16

Epistolario

y el otro día cogí el chupo del niño del suelo, lo chupé como Dios manda antes de enchufárselo en la boca y, según mi amiga A., provoqué un escándalo en la mesa de al lado, transmitido por apertura de ojos extra chic.

Un perrito, con sus tres largas patas, delicado como una estatuilla egipcia,
mi amor, un perrito precioso, sube a saltos la cuesta
sus orejas picudas aparecen en mi horizonte y me llenan de felicidad.


24/6/16

18/6/16

Pajarín

Una mujer camina por un prado grande como un pañuelo. Sería un día perfecto de primavera si no fuera por el viento que la hace andar con los hombros adelantados y agita su pelo largo en todas direcciones a la vez. Su cabeza es como un panal, no ve nada. Está en un parque, pero ha preferido atajar campo a través en vez de seguir los caminos. Viste de oscuro y lleva zapatos cómodos. También carga con una gran bolsa verde y un bolso de mano. Su pelo la azota y enloquece. De pronto, como si entrara en otro mundo, paz y calor. El pelo cae sobre sus hombros. Aparta un par de mechones que han quedado prendidos sobre su cara. Ha llegado ante el muro del cementerio, que recalienta el sol. Entra en el cementerio por acortar camino y huir del viento y ve que del otro lado del muro hay placas muy feas en recuerdo de las muchas personas que fueron fusiladas contra él. Las lee, una tras otra, y llora. Tres mil personas entre 1938 y 1942. Muchas. Es un día perfecto de primavera. Entra en la capilla a descansar un poco. Es fea. Tiene poco más de cien años y están las paredes descascarilladas y comidas de humedad.
Un pájaro negro revolotea lentamente sobre ella, entre columnas de sol. Entonces oye piar con ansia y ve, sobre una puerta, cerca del altar, un nido lleno de polluelos, cinco bocas abiertas a la vez.
Llega a casa y su hijo le habla. 
-Has tardado mucho. 
-Lo de siempre. 
-¿La abuela estaba bien?
-Sí. 
-¿Te reconoció?
-No. Me llamó pajarín, como llamaba a mi hermana, la que murió de pequeña. 
-¿Le diste el kitkat?
-Sí. 
-¿Le gustó?
-Sí, dio palmadas nada más que vio el envoltorio. Eso sí lo reconoce. 
-¿Te has cansado?
-Un poco. Me senté en la capilla del cementerio. 
-¿Había alguien?
-Pájaros. Polluelos. El nido dentro. Me subía con mi hermana a los árboles a observar los nidos.

16/6/16

Lluvia tibia

Hace uno de esos días de ráfagas de lluvia tibia. El sol tan pronto viene como se va y unas nubes de un gris azulado oscurecen de repente el puerto. Cuando se levanta viento los mástiles de los yates y las lanchas hacen un ruido como de poblado africano, como de cuencos de madera que entrechocan. El cajero estaba estropeado y yo tenía que ir hasta el final del paseo marítimo, un par de kilómetros, sin paraguas y sin dinero para un taxi. Pero no tenía frío y eso me reconfortaba. Respiraba bien, por la nariz, y percibía perfume a mar en el aire. Empecé a caminar con demasiada calma para la lluvia que caía. Pero la lluvia no duraba mucho, porque llegaba de repente como una bofetada, como un escuadrón de gotas que me golpearan las mejillas, y luego se iba durante un rato. Sobre el mar las nubes comenzaron a ser blancas y algodonosas. Cuando llegué al cajero saqué dinero y me di la vuelta. Los dos kilómetros de suelo mojado estaban iluminados por un sol rojo.

14/6/16

Moverse

i.
Está embarazada de ocho meses. Fuma. Se retuerce las manos. Se abraza a un cojín frente a la tele y se mueve adelante y atrás. Siente repentinos accesos de vacío en un lugar bajo el corazón. Ese lugar se vacía y se llena y se vacía. La angustia es insoportable y ella no sabe cómo va a hacer mientras espera, sin poder llorar. Se mueve y se mueve y se mueve. Cuando alguien no sabe qué hacer para soportar la angustia se mueve y aún así no puede soportarla pero no puede evitar moverse como si huyera.

ii.
Ese caminante concentrado y nervioso recorre la habitación incansablemente. Alguien lo sigue con el gotero, o no podría moverse. Una hija o un hijo, una esposa, un esposo. De un lado a otro de la cama. No es dolor. Es miedo, camina huyendo. Camina como si rezara.

iii.
Siempre siente una desazón que no la deja descansar. Siempre la necesidad de moverse para intentar acallarla. No sabe si siempre fue así o si fue el tiempo el que la convirtió en esta máquina desasosegada. Siempre teme por alguien. La quema la inquietud. Tiene que estar moviéndose, hacer algo, pasear de un lado a otro de una habitación, dar vueltas alrededor de una mesa, balbucear listas de compra en un intento de desahogar la impaciencia excesiva que la agita.
En el jardín. Todos duermen, casualmente, a la vez. Ahora hay sombra y el calor ya no es insoportable. Es, al contrario, muy agradable. Se sienta con un periódico. Hay un poco de viento y todo el verde se mueve. Todo está en movimiento. Ella tiene la mirada perdida en la mesa y todo el verde, los macizos de hortensias, los árboles de las montañas que la rodean, los setos, los arbustos, la hierba alta… todo se agita. Lo siente alrededor, el mundo agitado.
Y, sin embargo, ella, en paz. Una paz infinita. No sabe qué sentimiento es ése, y cuando por fin le da nombre y lo identifica, un vértigo crece en su estómago y casi se desmaya. Todos duermen. ¡Todos duermen! Su marido con el agujero con forma de pulmón en el pecho, duerme en paz. Su hijo, de regreso de un fin de semana en que no lo ven y con cuatro kilos menos que el viernes, duerme, en paz. Su hija, ayudada por los somníferos pero no por ello menos dormida, en paz. Todos duermen. La fronda se agita. El aire empieza a arder en el jardín. Cae de rodillas. Se levanta y entra en casa. Cierra todo a cal y canto. Abre la llave de gas.
Cuánta paz.



10/6/16

Diario de los 21 años

Todo el dia en casa sin hacer nada. Un día de vida. He pensado, leído a Pessoa y escrito un haiku. Ni siquiera he intentado estudiar.

Mañana, ir a la biblio, dejar el de dialectología, coger un libro en inglés, preferentemente de alguna novelista de las colonias. Lessing…

Hacer foto. De M.: F&F y Dial. ¿Algo más? Tengo que comparar apuntes, ver qué me falta y no volver a perder la cuenta. Jodidos apuntes.

Comprar 3 sellos de 25 y uno a Marruecos

Dead Again → Branagh.

Carretera asfaltada en dos direcciones → John Carpenter, S.B.

Acabo de ver En la cama con Madonna. ¿Cómo puede haber cuerpos tan perfectos y yo aquí lejos de tal belleza? Oh, cielos. Joder. Dios no es justo.

***

He hecho las fotoc. De M. Ya no tengo más que dos trozos de apuntes atrasados: ridículo.

El tío de Gram. Hca. me cae bien, parece buenazo y concienzudo, pero no soy capaz de seguirle el rollo y no me entero de lo que hacemos en clase.

Los libros de ejer. De Thompson &M, 2000 pelas. Alucina.

He cogido un libro de D. Lessing. Aunque acabo de ojearlo ahora mismo y no sé si me habré precipitado: parece muy barroca para mi inglés.

Sellos comprados.

¿Cuánto hace que no voy a clase?

***

Pues vaya asco. No me niego a estudiar, la verdad, me gusta: pero me niego a perder el tiempo haciendo dictados durante tres horas diarias. Se acabó.

***

Todo el día discutiendo: con M, con L.

Ayer salí. Hoy no fui a clase y no llevé el saco para C.

Ayer hablé con S. en la cafe. Me dijo que parecía que sabía lo que me decía, que podía hacer la tesis en su departamento, aunque hiciera lengua. ¿Qué quiso decir? ¿Que le gustaría? No, pero… no tenía por qué habermelo dicho.

Jugamos al trivial en casa de S. Estaban tan ciegos que sólo salimos MJ y yo.

El tipo de A. me vio por el pasillo y me dijo: “Hoy ha faltado usted a clase”. ¡Como en el colegio! El mismo que dijo que no AMPLIÁRAMOS sus apuntes por libros.

***

Ayer nos cortaron el agua por falta de pago. Me siento asquerosa, sucia y pesada.

***
Una tía con cara de solterona de posguerra, rubia, clara y triste, nos ha contado sus enfermedades y las de su primito. Yo, alucinada, mirándola con la boca abierta. Casi parecía que estuviera actuando para mí.

***

Conferencia sobre Luces de bohemia. Entretenida. Un conferenciante que no leía y vocalizaba. Claro, era actor.

Ya me he disculpado con C.

Soy imbécil. Ayer no fui a por entradas para Doña Rosta la soltera y me gustaría mucho verla.

***

Vaya fin de semaa. Adiós paz. Es muy rara esta situación, pero bueno.

***

Hoy hace un día de sol tras las nubes y aire frío.

No quiero pensar en mí.

Con este día necesito dar un paseo y echar humo por la boca.

Viene mamá. Comeré con ella.

***

He tomado un café con N. Tengo que llamarlo para darle el trabajo de la mujer en la Edad M.

A ver si estudio algo ahora y me pasa el tiempo sin pensar hasta que vea a S. y descargue mi conciencia.

Antropoloxía del nacionalismu. Joder, no sé si admirar la iniciativa de esta gente o lamentar la pérdida de energía.

He ido a la conferencia sobre Erasmo y religión en el Cancionero de Burlas. Podría haber sido muy divertida. Pero no.

Toda la mañana perdia. Bueno. Al menos no he faltado más que a Dialec.

Voy a ver si MJ me alimenta un poco. Estará con ganas de saber…

***

Me he matriculado para lo de San Juan de la Cruz. 500 pelas C. y 500 M.

Hemos hablado de becas, doctorados, trabajo en el extranjero… No sé. No sé qué haré.

C. (amigo F.) me ha dicho que por qué no escribo algo para la revista de filologia. Ja. Le he dicho que tendría que sorprenderme a mí misma, que sólo daría algo muy bueno. Pero me ha hecho pensar, qué le voy a hacer….

Ayer vi los Doors. Al principio sentía vergüenza ajena (tópicos, jipis…), pero luego me gustó: la caída en el pozo. Y los conciertos, claro.

***

Ayer llegué a casa y bronca. Esta mañana lo mismo, llorando, al final, por mi bajeza. Di a L. donde sabemos que le duele. Pero es que es tan dura e imperturbable en las discusiones, cruel involuntaria, que no hay otra forma de decir: esto que me dices es importante: SIÉNTELO, JODER. Entérate, al menos.

He estado sentada en la preciosa esquina de la galería, tras los servicios. Qué pena que a veces venga alguien. Sería un lugar secreto perfecto. Para mí sola. Pero no.

Ha pasado una hora y aún no he estudiado nada. Ojo triste y azul, el whisky corta la sangre del cerebro y hace que se encoja como crema en un vaso de agua.

8/6/16

Zambullida

i.

Noche inmóvil.
En confluencia de dos mares
caigo al fondo.

Rechina la nave
en su huida.

ii.

Dime si sufres.
El corazón de la caracola
son sus pliegues.
Toda ella es corazón
y al fondo
un sin fin.

iii.

Afinada como un cristal de hielo
que sostienes contra el sol.
El mundo se deshace.

Entro en tu transparencia
como un guijarro.

Gratitud.
Semillas de álamo blanco.



7/6/16

Lo que existe

Monito: te preocupa lo que existe y lo que no existe y exiges claridad en mis explicaciones bien: existen los kraken, los calamares gigantes los dinosaurios y los robots asesinos y sí, también existen los fantasmas pero muchos existen en este mundo y muchos en otros mundos pero en este mundo también hay monstruos pero no te pueden hacer nada porque yo mato pero en Fantasía, en el mundo de Fantasía y en las cabezas de la gente y en los libros sí, otros mundos maravillosos entonces tú, con los ojos como platos, entusiasmado, gritas metálico: ¿el niño que mataron en el parque está en esos mundos ahora? ¡a esos mundos voy a ir yo cuando sea un ángel!

6/6/16

«A uno le perdonan la culpa, el compromiso, el heroísmo, pero no el distanciamiento.»

El regreso del húligan, Norman Manea

5/6/16

Música


Crecen silencios entre las notas.
Cada una me golpea y muere. Todo mi cuerpo la recibe.
También el sol de nata en la habitación amarilla.
Hacen vibrar el tiempo sin tiempo de la conciencia.
Me elevo y giro herida en el espacio
sobre la sierra desnuda de hueso.


https://play.spotify.com/track/2Wr56ZUdWM5xoHP7SGTRKo

4/6/16

Transparencia

Alguien me dijo que mi poesía era transparente. No quiero compartir el halago, sino la finura de su forma de leer, la profundidad de su entendimiento. No sé si es transparente, pero debería serlo. Es transparente la palabra cuando no entorpece la idea. Es transparente la poesía cuando brilla la idea a través de las palabras. Las palabras entonces disipan la neblina y permiten ver la verdad. Es más: permiten ver aquello que el lector ya sabe, le permiten recordar lo que había olvidado. Por eso sabe que es verdad, porque es suya, del lector.
Si las palabras están en medio, entorpecen. No digamos ya la persona, el ego: cómo oculta y estropea lo que fuera que se pretendía mostrar.  
Así, también en la prosa. Ser transparente es desaparecer como persona, que no se vean el miedo, la vanidad, el deseo de reconocimiento del autor. Ser transparente y alado es ser sólo mirada. Ser, en cierto modo, inocente. No querer ofrecer de quien mira ninguna imagen. Sólo interesarse el que escribe por lo que desea contar, no por sí mismo ni por cómo lo cuente. Ahí está. Qué difícil intentar no tener estilo. Quitarse de la foto para que se vea la foto.

3/6/16

Fósiles

Conviene ser siempre consciente de la tristeza. En cuanto tienes unos días buenos te lanzas montaña abajo y olvidas, siempre olvidas.
La conciencia de la tragedia templa. Te encaprichas de la alegría como un niño y demasiada alegría provoca inconsciencia y vanidad. Hay que caminar de lado y un poco encogido.
Olvidas que una vez viste salir de una boca de alcantarilla un ratoncito muy pequeño. Te lo llevaste a casa, pero te riñeron y te mandaron tirarlo. Lo tiraste a un patio y al estrellarse contra el cemento murió. Durante semanas viste, cada mañana antes de ir al colegio y cada tarde antes de ir al colegio, cómo el ratoncito se iba pudriendo. Al final era sólo un rastro como el de un caracol.
Olvidas que hacía sol y parte del sol quedó con los árboles bajo la tierra. Durante millones de años.
Después un buen día llegó el príncipe encantador y abrió la tierra: allí estaban, erguidos bajo nuestros pies. El tiempo había aplastado el aire entre ellos y lo había convertido en carbón y así, blancos, gigantescos, aparecieron ante nuestros ojos.
Olvidas cuando te metías tras las puertas para llorar, cuando creías que llevaban a tus padres en furgonetas por comunistas, cuando el perro llamado Lagún pasó unos días en tu patio de luces. Representabas a la perfección el papel de amante de los animales.
Olvidas cuando saltabais al infinito. Así lo llamabais, ¿recuerdas? Saltar al infinito.
Era uno de esos pisos de los años 40 donde desayunaban niños obreros antes de que amaneciera y sonaran las sirenas. Había un patio de luces profundo y gris de humedad y hollín. El musgo crecía en las cañerías. Si mirabas hacia arriba veías trozos de cielo: cielo gris o cielo azul, nubes pasajeras, estrellas. Desde la ventana del servicio se salía al patio. En el borde de la ventana os poníais de pie con un espejo en las manos que reflejaba las cuatro paredes grises y rectas y el cielo, luminoso, al fondo del pozo. Saltabais gritando y aparecíais, girando sobre vosotras mismas con las faldas levantadas, en el cielo, donde flotabais como medusas.
Los últimos días de Pompeya en la belleza de una vida. El pequeño animal ramo, con los restos de comida como lentejuelas en el estómago, grabado en cera.

1/6/16

Títulos

Hay que empezar a poner títulos, esto no puede ser. De ahí surgen todos tus males, de la falta de títulos, o tú qué te crees, ¿que la vida es así, un día tras otro sin empaquetar ni nada, todo a la buena de Dios, manga por hombro? Al aire la lleva, ¿eh? Con razón. Desde mañana mismo quiero título en todo: en los días, en los paseos, en los riachuelos que atravieses, en las parejitas bobas con que te cruces, en los amamantadores de perros que salgan al paso, quiero un título en las nubes y en las horas o dos horas o tres, si es el caso y el título las unifica, quiero título en las semanas y los meses. Ya sabes. Y con garbo. Maldito amorfo.

31/5/16

En el Waingunga

Bagheera se levantó y se desperezó, llenando de pavor a unas gacelas que comían cañas no lejos de ella. Habló con voz tan negra como su pelaje, riendo para sí.
–Criaturas hermosas… no tembléis. Cuando decida cuál de vosotras será mi cena de esta noche no os daré tiempo para sufrir.
–Huid, huid por aquel lado –se decían unas a otras.
–Criaturas hermosas… Gracias por permitirme veros huir de mí –siguió diciendo para sí misma. –Sería un placer devoraros, pero he decidido seguir una nueva dieta…
Miró hacia lo alto, hacia unos frutos rojos e hinchados que colgaban de una rama no demasiado alejada. Subió por el tronco inclinado de un árbol y llegó tan arriba como pudo. Desde allí estiró la pata y con las zarpas intentó alcanzar los frutos. Falló un par de veces, pero la siguiente vez consiguió hacer caer el racimo, que hizo ruido al llegar al suelo. Bajó con la elegancia de que presumía y se sentó con las patas delanteras recogidas bajo su pecho, cual esfinge, frente a los frutos. Los miró con los párpados medio caídos durante un buen rato. Se relamió, intentando animarse a sí misma. Pensó, con palabras:
–Qué magnífico racimo de fruta.
Pero no sintió el interior cosquilleo que le producía la vista de una gacela.
–Qué color tan intenso.
Pero no sintió la saliva deslizándose por las comisuras de su boca como un río.
–Qué perfume embriagador.
Pero tuvo que decirse a sí misma que “embriagador” era una hipérbole, como mínimo. Dejó caer la barbilla sobre su pata y miró tristemente al racimo.
–Esta ranita siempre está intentando dominarme… Esta ranita enamorada de las gacelas me causa mucha congoja. Tanto la quiero a la ranita, a mi Mogwli, y tanto miedo me da su mirada de Hombre, que le he prometido algo triste como la mañana después de que la Flor Roja devore el bosque. Pero no me siento arder con estos frutos ante mí, no…
–¿Qué haces, Bagheera, viejo pedazo de noche? –dijo Mogwli, caminando hacia ella. - ¿Qué miras con tanto interés?
–Miro este estupendo racimo de fruta que me he de zampar ahora mismo de un bocado…
–Me alegro de que estés cogiendo gusto a la fruta, Bagheera.
–Sí, yo también me alegro… me siento limpia y buena –continuó. Mas el tono de su voz no reflejaba la alegría que decía tener en su corazón.
–Voy al lago, a pescar. ¿Quieres cenar una trucha conmigo, Bagheera? He prometido también cazar algo para Akela.
–No, ranita. Lo que yo quiero no necesito ayuda para cazarlo...
–Luego te veré, Bagheera… –se despidió Mogwli, con su cuchillo colgando del cuello como el colmillo de un tigre.
Bagheera olisqueó en torno mientras se decidía a hincar el diente en la fruta. Bullía el aire a aquella hora con millones de mosquitos y criaturas apenas visibles. Era estruendosa la selva. Alrededor suyo, en el suelo, una alfombra roja de frutos como el que se disponía a comer, mas ya podridos, le recordaba que pronto llegaría la estación de las aguas, en que la caza escasea.
–Ahora, es ahora cuando las gacelas son más… más….
Se puso a pensar en los muchos veranos que podía recordar y sintió un oscuro y agudo aguijón clavarse bajo su corazón. La fruta olía a hombre, a mercado. Así había olido cuando fue prisionera en su juventud, allá en Oodeypore. Allí, dentro de la jaula en que la mantuvieron cautiva, rodeada de aquel olor a hombre, deseó, casi constantemente, casi exclusivamente, poder correr tras una gacela. Tuvo miedo de no regresar jamás a la selva y soñó con las gacelas bebiendo en el río Waingunga y huyendo de ella, costado contra costado.
Se relamió, se levantó lentamente, y pensó:
–La ranita tendrá que perdonarme quiéralo o no.
Y se encaminó, silenciosa, por donde aquéllas habían huido.

30/5/16

Cada noche te leo

Monito:
Cada noche te leo. Anoche perdimos La isla del Tesoro. Desapareció. Así que empecé a leeros El bosque animado. No decías nada, atento como siempre. Cuando tuve que ir a consolar a Gatito, que lloraba en la otra habitación, te levantaste y preguntaste muy serio con tu voz de pífano:
—Pero, en este libro, ¿va a pasar algo y van a hablar o son todo esas tonterías del bosque?
Te gusta escucharme, aunque no entiendas mucho de lo que oyes. Pero necesitas un poco de acción, ¿verdad? Por supuesto, Monito.
Esta noche tendrás acción.

28/5/16

Diálogos de amor

I.
-No elaboras sentidos. No construyes nada. No haces nada con este amor. Eres estéril.
-¿Y qué demonios quieres que haga con el amor?
-Construir algo, una teoría, un diamante, paladearlo, hacerlo tuyo.
-¡Es mío!
-No. Es como si vivieras sobre la Tierra pero no fueras consciente de su generosidad. Y no me mires así.
-¿Cómo te miro?
-Con ojos de loco. Enfadado.
-¿Y cómo quieres que te mire?
-No quiero que me mires. Quiero que hables. Que digas algo. Eres como un trozo de madera. ¿No quieres nada?
-Te quiero a ti.
-¿Y cómo puedo saber yo eso? Querrías a cualquiera que cumpliera las mismas funciones.
-Sólo existes tú. Déjame en paz,

II.
-¿Qué me miras con ojos de loco?
-Voy a arder de pureza.
-¿Y qué quieres que haga yo?
-Nada. Esto es cosa mía. No te puedo querer así.
-¿Cómo?
-Duele. Demasiada pureza la de este amor.
-¡Y qué quieres que haga yo?
-Tengo que hacerlo real. Ensuciarlo un poco.
-Ensucia lo que te dé la gana.
De la otra le gustaron las nalgas especialmente. Más que las de ella. Y volvió. Más real, según él. Más tranquilo.

26/5/16

Gente con y sin edad

Hay gente que tiene edad y gente que no tiene edad, sencillamente. No son ni jóvenes ni viejos. Esas definiciones no les atañen. A los que sí tienen edad les importa mucho la de los demás. Hacen lo que deben hacer a su edad. Visten así, van a este sitio y no a otro, les gusta pensar en de lo que tienen, en lo que han conseguido, se juzgan y juzgan a los demás y siempre mencionan de pasada a la gente importante a la que conocen.
Los que no tienen edad intentan averiguar si los excéntricos que ven por la calle son felices.

22/5/16

Rodeo

No sé si me monté en uno de esos toros mecánicos o lo soñé. Alguien que me ayude, por favor. ¿Alguien estaba conmigo? ¿Alguien me vio? Éramos un grupo y nos moríamos de risa. Yo aguantaba tanto tiempo encima del toro, aunque la risa me descuajaringaba, que los demás dejaron de reír, pero todos tenían las bocas abiertas de sorpresa, recuerdo los agujeros en medio de sus caras, y yo seguía riendo y perdiendo fuerzas, pero no caía, sino que, cuando el toro ya había alcanzado su máxima velocidad y brusquedad, yo continuaba ahí arriba y hasta era capaz de imitar los gritos de los vaqueros en el rodeo, y no me caía. Era sacudida como un muñeco de trapo. Así era, justamente, pero no soltaba el agarre y volvía siempre a sentarme, es un decir, las piernas como de trapo siempre un poco más tarde que el resto del cuerpo y como si fueran irrompibles, y yo volando, pero mi mano que no soltaba el agarre y las piernas como locas. Una chica empezó a llorar, varios hombres se movieron con prisa a algún sitio, alguien encendió las luces, se apagó la música y yo ahí seguía mangada, riendo como una loca. ¿Alguien estaba conmigo? ¿Alguien me vio?

19/5/16

Perrillos

Me paso las tardes en el puerto. Es tan divertido. Sólo tienes que enseñarles una moneda y arrojarla al aire para que se lancen al agua como castores. y la saquen entre los dientes. Tienen los cuerpos morenos y fibrosos de pasarse la vida haciendo lo mismo, y tiemblan como flanes. Sonríen sorbiéndose los mocos. Aquí se vive como Dios. A veces hago como que la tiro, la moneda, y saltan y no la encuentran, y discuten si arrojé algo o no, pero no tienen más remedio que intentarlo una y otra vez. Se pelean por ver quién salta el primero, me encanta. Mi favorito es el más pequeño, que tendrá 7 u 8 años y parece un mono. A veces viene y se me agarra de la mano, para que me lo lleve. Cada vez que voy de vacaciones, y hace cinco años que repito sitio, me paso las tardes haciendo el juego de la moneda. Ya me conocen todos. A veces invito a alguno a un bocadillo y, te lo juro, comen con un ansia que da gusto. Es lo que más me gusta. Me parto de risa. Los muy granujas. Perrillos.

12/5/16

Palacio

Cangas del Narcea. Llamas de Mouro. Palacio de los Duques de Veragua. Siglo XVI.


Que no imagine un palacio palaciego. Que es una casona en ruinas pesada, masa de piedra derruida en partes, imposible de habitar, ciega, triste, un buque hundido en tierra, una excrecencia de siglos irrecuperable.

Ser bueno

El campeón del mundo de cálculo matemático dijo, mirando a la cámara con fijeza:
-Dicen que es suficiente con practicar un poco cada día para ser bueno en algo. Es mentira. Para ser realmente bueno en algo hay que casi volverse loco.
Cada vez que lo decía, y era su frase favorita, sin poder evitarlo, recordaba todo lo que había perdido y su orgullo aparecía siempre humedecido con un poco de tristeza.

10/5/16

Piernita

Siempre está claro el cielo

y en él tu rostro, niño del aire.

Vi una piernita tuya

cristalizada,

como cebolla

cristalizada,

serosa y perfecta, sola,

piernita incorrupta que abrazar,

belleza de sueño, piernita tuya.

Está conmigo y no la pierdo. Nunca.

19/4/16

Heidi

Ah mi tremenda Heidi de zarzas
Ojos cambiantes como el fuego
Como el agua
Como el surtidor del aire
¿No es la ira la ceniza del bosque
Que existió?
El deseo de declarar mi amor
Me ciega. No puedo callar este vuelo a ti.
Mi Heidi ven deshazte en mi pecho
Yo te acojo para la eternidad
Para el fin de los abismos sociales
Para la caída en lo claro
Yo te acojo y te bendigo
Bellísima Heidi atormentada.
Dime quién soy
Y yo pronunciaré cada día tu nombre.

7/4/16

Cuento de terror

—Mami, me he atascado, mami, ayúdame.
Sal de ahí.
Pero me he atascado.
Shsh. Tranquilo. Sal. Poco a poco. Ven.
Se refería a su mente. Aunque quizá estaba atrapado entre dos sillas. Su voz era fina y su llamada apremiante.

5/4/16

Hermano sol

Altissimu, onnipotente bon Signore,
Tue so' le laude, la gloria e l'honore et onne benedictione.
Ad Te solo, Altissimo, se konfano,
et nullu homo ène dignu te mentovare.
Ad Te solo, Altissimo, se konfano,
et nullu homo ène dignu te mentovare.

Laudato sie, mi' Signore cum tucte le Tue creature,
spetialmente messor lo frate Sole,
lo qual è iorno, et allumini noi per lui.
Et ellu è bellu e radiante cum grande splendore:
de Te, Altissimo, porta significatione.

Laudato si', mi Signore, per sora Luna e le stelle:
in celu l'ài formate clarite et pretiose et belle.

Laudato si', mi' Signore, per frate Vento
et per aere et nubilo et sereno et onne tempo,
per lo quale, a le Tue creature dài sustentamento.

Laudato si', mi Signore, per sor'Acqua.
la quale è multo utile et humile et pretiosa et casta.

Laudato si', mi Signore, per frate Focu,
per lo quale ennallumini la nocte:
ed ello è bello et iocundo et robustoso et forte.

Laudato si', mi Signore, per sora nostra matre Terra,
la quale ne sustenta et governa,
et produce diversi fructi con coloriti fior et herba.

Laudato si', mi Signore, per quelli che perdonano per lo Tuo amore
et sostengono infrmitate et tribulatione.

Beati quelli ke 'l sosterranno in pace,
ka da Te, Altissimo, sirano incoronati.

Laudato s' mi Signore, per sora nostra Morte corporale,
da la quale nullu homo vivente pò skappare:
guai a quelli ke morrano ne le peccata mortali;
beati quelli ke trovarà ne le Tue sanctissime voluntati,
ka la morte secunda no 'l farrà male.

Laudate et benedicete mi Signore et rengratiate
e serviateli cum grande humilitate.

San Francisco de Asís, ca. 1224

31/3/16




V
uelve, gaviota


Tiende tus alas para mí


Fue la visión tan breve


Dame ese instante


De perfección

29/3/16



Lágrimas se endurecen y hacen Costra
Salada de un hielo Límite 
del mundo Impermeable 
Respiración 
atónita. 

21/3/16

La forma de este coral replica la mano
que lo contuvo. Pesa
la inmediata ausencia. Como piedra pómez,
como tu pecho en el cuenco de mi mano.
Sus poros, como los tuyos, brillaban de sudor salado.

La ausencia de los cuerpos desplaza su peso,
y tu cuerpo suave, como ninguno,
crea una ausencia como esta piedra
colocada en una repisa blanquecina
de recuerdos. Empuja a mi mano a reclamar
lo que nunca han conocido manos de amantes;

la naturaleza del cuerpo de otro.

Derek Walcott

This coral's shape echoes the hand
It hollowed. Its
Immediate absence is heavy. As pumice,
As your breast in my cupped palm.
Sea-cold, its nipple rasps like sand,
Its pores, like yours, shone with salt sweat.

Bodies in absence displace their weight,
And your smooth body, like none other,
Creates an absence like this stone
Set on a table with a whitening rack
Of souvenirs. It dares my hand



To claim what lovers' hands have never known;
   
The nature of the body of another.

Derek Walcott




Me atrevo a traducir.
Hay corales blandos y duros. Eso importa. Ha de tratarse de un blando coral, como éste de la página de wikipedia:
Pero, ¿tendrá poros el coral blando, el blando coral?
Estoy llena de preguntas.
¿Y ese «claim», afirma o reclama?
Pero seda. Traducir seda. Es amor.



20/3/16

La tabla de las mareas, Menchu Gutierrez

18/3/16

Arqueología en gmail

2007, un desaparecido livejournal

Están resecas y crujen, al principio. Nunca creí que hicieran este ruido. Juro que las hay afiladas y chatas como abre-ostras. Las hay redondas y blandas, alargadas y jugosas, ácidas, dulces…
Soy un ser comunicativo. Muy comunicativo. Comunicativísimo.
Decía él: «A mí el deporte me ha salvado muchas veces la vida. ¿Cómo no lo voy a amar, hostia?» Se refería a las incontables caídas, días hilados tobogán abajo, durante toda su vida consciente, metiéndose todo lo que pillara y aullando por las esquinas. Siempre hace deporte como un poseso tras los delirios.Yo digo: «A mí expresarme me ha salvado muchas veces la vida, ¿cómo voy a prohibírmelo?» Porque escribir en soledad, con ambición de hacer algo que pese un poco, no es lo mismo que comunicarse así, sin masticar demasiado. Sintiendo cómo los jugos se nos caen de la boca.
Como no encuentro profesor que me enseñe a hacer mi página web, aprender por mí misma requeriría invertir en ello mis atesorados minutos propios y no encuentro tampoco un mecenas que me la haga porque sí, pues me trago mis palabras, y de momento, vuelvo.
Es lo que he hecho siempre en mi vida, al fin y al cabo: tragarme mis valientes palabras.

tejido
Caminaba por la Gran Vía con Monito de la mano. Cada vez había menos coches, oscurecía a una velocidad excesiva, y la acera por la que caminábamos se llenaba de andamios, como un bosque. Pronto no vimos nada. Todo era negrura. Pensé que habíamos retrocedido en el tiempo y que nos encontrábamos en una noche medieval sin un triste candil. Pero miré a lo alto y alrededor y la negrura era tan densa que me pareció imposible, no natural. ¡Ni una estrella! Nos dimos la mano. Ya no sé si era Monito o Medusa. Empezamos a notar algún movimiento, y nos dimos cuenta de que a nuestros lados pasaban seres parecidos a arañas, que se estrellaban contra los andamios. Por fin llegamos a la esquina. El único humano que vimos fue Firme, que tenía las ropas desgarradas y heridas por la cara y el cuerpo. Se sentaba y se sujetaba la cabeza con desesperación. Nos vio y tomó una estaca. «Agarrad lo que podáis», dijo. «Hay que luchar.»
Después de conseguir vencer algún obstáculo nos encontrábamos en una especie de granja, con molino, verdes prados y pasadizos. Es todo lo que recuerdo.

8/3/16

sexo

sexo en las paredes de una cueva
en blanco y negro
tipologías salvajes estallando
en medio de la ceniza

ello nos mueve

convive con las víctimas de los terremotos
con la primera clase
con tu mano en mi estómago

no tiene deseos reprimidos
es de lo más aburrido

sexo que se tiende como un pulpo
y asoma entre los labios
en el almuerzo desnudo
del siglo XXI

3/3/16

Demonios



Sin duda, creo en los demonios, los que hablan al oído.
Ese ángel que se les enfrenta no tiene mas que luz.

Ellos tienen historias. Conflictos. Se ceban en la posibilidad.
En la angustia de la irreversibilidad.

Sí, creo en el diablo, el que se mira a sí mismo.
No tenemos más que mirarnos para volvernos demonios.

Nos miramos a nosotros mismos desde afuera, pobres diablos, como si fuéramos autores de una historia y protagonistas de esa misma historia. Es más: como si hubiera una historia.

La historia, el arma del diablo.
Los ángeles sólo tienen eternidad.

¿De verdad ofreciste tu alma? No lo creo.
Conceder los deseos es la segunda arma del diablo.
Lo tiene fácil. Luego los demonios se crean historias en nuestro oído espantado.
Desde luego que creo en el diablo.

27/2/16

Vértigo

Sabe que si no estudia todo será malo. La decepción de quienes confían en ella, la pérdida de la beca, es decir, que no podrá ir a pasar un curso a Sidney con su novio, que perderá oportunidades laborales importantísimas para su especialidad, que la decepción de sí misma será casi insoportable.
Sabe de sobra que puede hacerlo aún si empieza ya y no duda más, y se esfuerza. El heroísmo que supondría le remueve unas ganas apenas nacidas en algún lugar recóndito.
Sin embargo, deja la mirada perdida ante ella con la determinación del suicida, espantada de su vértigo.

25/2/16

Hijo de puta

Cuando hijo de puta entró en la habitación sentí una hilaridad incontenible y estallé. Es tan delicado, con sus mofletitos rojos.
-Hola, hijo de puta. ¿Qué tal andas? –le dije, haciéndome la campechana. –Ay… -suspiré, como le había visto hacer a él, intentando dejar de reír, suplicando que no hablara.
Sospechaba de mi risa. Siempre sospecha de mí y se pone paranoico, con razón, cuando no puedo dejar de reírme en su presencia. Se pone trascendente, lo cual no hace sino empeorar todo el asunto.
-Bien –y miró al suelo. –Pensando en lo malos que son los humanos unos con otros.
¿Ese hombre quería matarme? Me deslicé al suelo apoyada en la pared, sujetándome la barriga. Dios, hacía mucho que no me reía así. Pegaba patadas al aire. Puñetazos en la pared. Sólo era capaz de decir con un hilo de voz estrangulada: “basta, basta, cállate, hijo de puta”. Le suplicaba, de rodillas, hecha un feto. Ahora se me caían las lágrimas.
-Hay personas que no piensan en las generaciones que nos sucederán.
Maldito sádico. No podía soportarlo más. Me arrastré como pude hasta la puerta y luego escaleras abajo, huyendo de él.
Se asomó a la ventana:
-¡Los objetos no dan la felicidad!
El último ataque tuvo lugar en un charco. Dios mío, cuánto hacía que no me reía así. Vino a mi lado, se agachó y, descubriendo por fin su verdadera naturaleza, me susurró al oído:
-Si pudiera actuar con el cerebro y no con el corazón que se me sale del pecho otro gallo cantaría.
Yo sólo podía rogar, gemir, entre los estertores de mi risa:
-Una ambulancia, una ambulancia –pero me hundía en el agua sucia. Me hundía…
Arriba, el cielo y las siluetas temblorosas de los edificios. –Adiós, hijo de puta…

18/2/16

Cagliostro

Fue un lío entre Cagliostro y eso que echan los niños al nacer, como restos de nada del estómago, algas marinas y limo (de ahí de donde vienen, tan hondo) y bueno, eso es el meconio, pero yo pensaba que era cagliostro y no, el calostro, calostro, es la leche primera que se echa al parir, que es un agua pura y perfecta para su boca y que sabe a fondo marino. Bueno, también cuando rompes aguas huele a fuente. Piensas que te has meado pero no; es agua de fuente, un poco caliente pero con un perfume no desagradable. Y eso, tanto fluido la vida, ya se sabe lo del semen, lo sabe cualquiera: también sabe a mar. Fluidos y viscosidad. Aún más: los bebés están llenos de granitos porque su piel es grasienta. Vienen rebozados en algo gris y cuando salen disparados, agarrándose a sí mismos en medio del espacio, al extremo del cordón, la enfermera los para en el aire como un portero, enfermeras de reflejos perfectos, pequeños astronautas de barro, de ojos cerrados. Tanto fluido. Cagliostro. ¿Por qué lo habrán llamado así? Es cómico. Me lo imagino con zapatos rococó y... Joseph Balsamo, meconio, semen. Mierda. Sangre.

El humor favorable

El humor favorable el clima calmo.

En el carril de lentos uno tras otro

dos viejos con bastón.

Adelantando difícilmente una ancianita

taca taca primoroso de aluminio

último modelo.

A la derecha la parada del autobús.

A la izquierda maniquíes desnudas.

Yo que me escabullo con mi refulgente

sillita todo terreno

y me meto entre ellos

a toda leche.

El niño que se asusta se agarra fuerte.

«Uf, ése sí que pasó cerca».

Un día habrá una desgracia,

loca del volante.

3/2/16

Vértigo de dejarse caer

Nada más decirlo me quedé sin aliento me entró una flojera, como si acabara de llevar a cabo una maravillosa proeza de osadía, como si hubiera cruzado de un saludo un abismo con mis deslumbrantes vestiduras nuevas o hubiera escalado hasta un lugar vertiginosamente alto desde el que pudiera observar otro país del que había oído contar cosas fabulosas pero que nunca había visitado. Tampoco reparé en la desproporción de esas sensaciones con su causa: simplemente le había dado un nombre falso, como haría un bribón de poca monta al ser interrogado por un policía. ¿Es eso lo que experimenta un actor cuando sale a escena, esa ingravidez, esa repentina libertad, lo que Goethe llama en alguna parte der Fall nach oben, acompañado por su temblor de secreta y apenas contenible hilaridad?

Imposturas, Banville

Habla Banville, su personaje, este horrible Álex Vander, del mal, así lo digo yo. Habla del vértigo de dejarse caer, la hilaridad y el placentero escozor de asomarse mucho, incluso de caer, de caer un poco, sólo un poco. 

2/2/16

Una inteligencia

¿Si le tenía celos? Naturalmente. Yo quería ser él, obviamente. Y, sin embargo, también le despreciaba un poco. Debajo de su chispeante charla, del encanto, de aquel derroche de hermosura, había toda una zona de él que era vacía insulsa, que carecía por completo de convicción y seguridad intelectual. Había momentos en que en sus ojos aparecía una expresión cauta, casi temerosa. Era la expresión de un ser limitado que sabe que en cualquier momento puede alcanzar sus límites y delatar su cortedad. Era, me temo, un superficial, un oportunista de las ideas, un diletante, en suma, aunque nadie, sobre todo yo, se habría atrevido a decirlo. Pero, ya que he empezado por este camino, bien puedo continuar: no tenía una inteligencia de primera como él y tantos otros afirmaban. Tenía talento, era precoz, era capaz de hablar de esa manera alusiva, indolente, ininterrumpible, tan suya, pero eso es lo que era, cháchara, y poco más. Sin embargo, el futuro le pronosticaba grandes cosas, iba a armar mucho ruido en el mundo, yo mismo también lo proclamaba, pero estoy seguro de que en mi fuero interno sabía la verdad. Era un chico inteligente, capaz de leer deprisa, y tenía buena memoria, pero las ideas del pensamiento auténtico zozobraban en los bajíos de su intelecto. Era especialmente vulnerable a las tomaduras de pelo, a cualquier cosa que oliera a beca, por muy cariñosa que fuera, y estaba en alerta constante contra cualquier tipo de desaire.

Imposturas, John Banville.

1/2/16



En la arena

mi sombra es ligereza

y un poco de frialdad, aliento

de un ser sin peso.

29/1/16

El cielo cae

El cielo cae sobre todos los extremos del mundo.


El diálogo del mundo y lo que guardo entre mis cejas.


Bastan el aire y la luz para embriagarme.


Cabeza delicada
En enero.
Cielo cubierto.


Creía que había un secreto en las telas
Cuando me embebía en la calma de las madres.


Tenía doce años la primera vez que vi el llano. No podía creer que no fuera el mar.


Cuando acabó la segunda guerra mundial era una niña. Puse la frente contra la pared y dije: "Ha acabado la segunda guerra mundial".


Antes apretaba los puños por haber olvidado. Ahora río
Al redescubrir
Mi redescubrimiento.


Se ha levantado un viento caliente
Los árboles lo aclaman.


En pleno invierno
Agua tibia y clara en este estanque.


La sangre calma como río en llanura.


Rompe la mar en el bajío
La mar de fondo que viene de Islandia.


Toma este animal intacto de la mañana
Es tuyo.


Todo se llena de pájaros y espuma
Y un silencio casi perfecto.


Y si la vida fuera para siempre
Este constante desfallecer.


Qué maravillas no habría dentro
De aquel cráneo perfecto.
Pequeño mundo.


Sé tú el hombre que desearías que tu hijo fuera. Ámate así.


Epatar al burgués para cortejar a la clac.


Si tiene nombre, ya no preocupa tanto.


​Sólo hay una muerte. El número es estadística.


La violencia no es dolor
hasta que pasa.
Luego, es el corazón
un bosque arrasado.


El poeta nunca mira solo. Y tú, menos.


El final no existe. Lo pone el autor.


No decidimos qué toman de nosotros los que amamos.


Todo lo que digo aquí es rigurosamente cierto: lo de la lluvia, lo del pájaro, lo del calor, lo de la tierra.

28/1/16

—Allí —dijo—, entra al poder del poder que te ofrezca un contrato más cómodo que éste: poder comprar la vida de tu hijo con la tuya propia.

El acre del dolor, Isak Dinesen
Pensé en el duermevela que los creadores hacen cosas y los periodistas hablan de las cosas que otros hacen y a menudo ni siquiera: no de las cosas, sino de los que hacen cosas: su vida sexual, sus traiciones y debilidades principalmente. Aun así, muchos periodistas y muchos lectores de actualidad cultural se interesan más por lo que se dice de la cosa que por la cosa. Por lo que se dice del autor de la cosa que por la cosa, que no se abre. Bien poco se abre la cosa para arrojarse dentro. Pero hay que estar informado. Cuánta palabra y cuánto dato sobre la cosa que no se abre y sobre el autor de la cosa que no se abre. 
La palabra crisis /Krisis/ se pronuncia con rechinar de dientes y chirrido. Se desprenden partículas de los dientes de tanto apretarlos.  Sufrir es soportar frotamiento de células que desean separarse y rompernos rompiéndose, frotamiento que genera calor y alarido porque en su desgarramiento no están los átomos o las partículas invisibles incluso para el microscopio ni en un sitio ni en otro. Cuando sufrimos no estamos donde estamos, no estamos en ningún lugar. Como cuando de una  cabeza agitándose muy rápido vemos la estela como si fuera cine, fotogramas, porque no está quieta, así es nuestro cuerpo cuando sufre, así somos en el sufrimiento. Desgarramiento. Físico. He pasado varias crisis silenciosas atroces. Pego la frente al suelo para no dejar de rendirme. Cuánto me gustaría poder rezar.
Tras un día gris y lluvioso, de pronto,
se abre el cielo al crepúsculo.
Un niño pregunta a su abuela:
—¿Qué hacen?
—¿No ves el arco iris?
—Sí, pero qué hacen.
Qué hacen todos ésos, unas cinco personas, sacando su móvil rápidamente como si fuera una pistola en un duelo y mirando el arco iris a través de él. A través del móvil. Como los que en la caverna de Platón veían las sombras de la realidad y creían que veían la realidad.

Un hombre cazado, un grupo de amigos ante la pieza. Al peso, impresionante. Lo han arrastrado para la foto sobre una manta, no es delicadeza. Eso fue un hombre. Ahora ni cuerpo de hombre es. 
Bestias de la guerra.
Es interesantísima la historia del Lama Osel Hita Rinpoche, el niño español en que se reencarnó el lama Yeshe, quien fue, parece, un gran difusor del budismo en Occidente. La madre del niño era su seguidora; mujer de carácter fuerte y, sospecho, fácilmente caricaturizable. Pero yo no caricaturizo.

He copiado los datos porque se me olvidan. Nada sé del tema. Para referencias, google.

Leo descripciones de los signos de autenticidad de su ser reencarnación escritas por un creyente y me resultan muy familiares. No los signos en sí, sino esa voluntad de ver.

Como cuando mi abuela Fanía murió. Entonces vi a mis doce años por primera vez esa voluntad, esa capacidad fabuladora, y me dejó perpleja.

No había nada interesante por el parque aquel sábado, o quizá domingo, por la mañana. Me crucé con mi tía Loreto en el parque de abajo y le dije que quería ir a su casa a ver a la abuela. Me dijo que para qué iba a ir, que estaba cansada, pero yo insistí. En realidad, me aburría. Así que fui. La abuela, pelo blanco malva bellamente ondulado, ropas oscuras, seguramente me llamó "vida". Decían que era yo su favorita de entre los nietos. Venía de la cocina a la sala con un plato o algo en la mano y de pronto se sintió mal y se desplomó diciendo: "¡Ay, Dios mío" ¡Ay!" de modo que quedó a medias sobre el sofá y pude levantarla hasta acomodarla allí.

—¡Abuela! ¡Abuela! —gritaba yo seguramente asustada.

No recuerdo cómo llamé a alguien. No sé si mi tía Ruri estaba en el piso de al lado o con quién me puse en contacto para pedir ayuda, pero había muerto cuando llegó la primera persona.

El caso es que mis innumerables tías bordaron una versión de los hechos en la que yo había tenido una premonición que me había impulsado insistentemente a ir a verla aquella mañana y en que había yo desarrollado una fuerza poco menos que sobrehumana para poder levantarla hasta el sofá. Así la narraron muchas, muchas veces. Al principio quería yo corregir la historia y encauzarla, pero luego desistí. Intenté, incluso, creerla, puesto que ellas eran viejas y sabias y probablemente, si decían que era una fuerza sobrenatural la necesaria para levantar su cuerpo al sofá, tuvieran razón. Lo del impulso de ir a verla no pude creerlo ni siquiera un instante porque recordaba demasiado bien que me aburría en el parque, aunque no habría costado nada hacer de ese aburrimiento parte de la premonición.

Me encargaron que recogiera a mis hermanas, que estaban en el parque de arriba. Lo intenté, pero se burlaban y se negaban a venir. V. apareció por allí con su aire adulto, niño travieso y caballeroso, y, al verme tan afectada, conteniendo lágrimas, convenció a mis hermanas para que fueran a casa. Lo imagino poniendo un brazo consolador sobre mis hombros.

Luego fui yo a casa. Mi padre, el hijo de la abuela, me pidió que entrara en la sala y le contara a él a solas mi versión de la historia. Así lo hice. Estaba serio y callado. Movía la cabeza arriba y abajo como animándome, pero no me miraba. Luego hizo un gesto con la mano para que me fuera. Conozco ya tan bien esa expresión en mi padre de recogimiento y seriedad por haberla visto en momentos más terribles que aquél; pero entonces no, no la conocía.

Sin duda, la historia de las tías es más hermosa. Podemos ver las dos escenas en el mismo bordado, como en un tapiz medieval, a la izquierda mi paso tranquilo entre los árboles, miren mis piernitas tiesas, una ante la otra, al flotar en medio de un paso, y en la otra yo con gesto desmayado de la cabeza, pero firmeza en mis brazos que levantan un cuerpo de anciana tieso y como hueco de ligereza porque mis manos pequeñas tocando su pecho lo elevan. Dejemos el bordado así. Quizá fue así.

Era el ejercicio de compartir y no borrar y apenas si corregir el que había decidido la ayudaría en su propósito de fortalecimiento de la actitud literaria. Tendría que comenzar cada día por la última frase del día anterior para que no hubiera unidad en el fragmento, para que fuera sólo fragmento el fragmento, no brevería, no mini o micro o petite relato relatito. Esperaba que nadie leyera lo que relataba para no sentir la pulsión de corregir, pues su ejercicio implicaba un fortalecimiento del carácter en la zona que se encuentra hipertrofiada en el sinvergüenza común, también llamado caradura, expresión que incide en la blandura de la vergüenza y su honradez, pero también en lo que necesita un escritor para decir alguna falsedad verdadera: hacer muchas higas. El ejercicio la obligaría y no deseaba ya más que obligarse, por otra parte, sin que casi importara ya a qué. Pensó en dos maripossa de plata, pero no. Más normas concurrían: sólo muy ocasionalmente y por gran necesidad porque no hubiera otra manera de dar sentido a algo podría haber discurso interior. En general habría de describir acciones y hacer observaciones desde el exterior con la voz de alguien que sabe más que el personaje. A eso lo llamaba «asumir el mando», el de una instancia que no es personaje ni autor y no tiene nombre ni ha de justificarse ante nadie, ni siquiera ante sí misma, que no sueña con mariposas de plata ni piensa en mariposas de plata ni piensa en nadie que las piense, que simplemente las crea. Murió, por tanto, su sostén y quedaron flotando dos mariposas de plata en medio del aire transparente de la hora de la siesta de la habitación. Entraba entrechocar de cubiertos del patio de luces por la ventana. 

Hombre

Piensas que todas las caras son las mismas, que no hay ningún hombre, ninguna mujer que atraiga tu atención, que te impulse al abrazo, que despierte una sonrisa en ti.
¿Crees que no requiere ningún esfuerzo amar? Mira a ese hombre que está de pie en la esquina, fumando un cigarrillo. Los pantalones de tergal le cuelgan, y seguro que su cazadora tiene ya varios años. Tiene las orejas tan finas como un elefante. ¿Crees que ese hombre no vale nada?

Palabras prohibidas

"The point about l-o-v-e is that we hate the word because we vulgarized it. It should be taboo, forbiden for many years until we find a newer and a better idea."

Women in love, Ken Russell, 1969 (basada en D.H. Lawrence)

No me gusta D.H. Lawrence, pero esa cita expresa mi pensamiento. La palabra amor debería estar prohibida, junto a otras cincuenta más o menos, cuyo significado se ha diluido hasta el punto en que se prestan más a ocultar que a mostrar, a no decir que a decir. Como mínimo deberían ser censuradas entre recién conocidos, y en público, y en los medios de comunicación. Los políticos y periodistas no podrían utilizar palabras como solidaridad, pobreza o progreso, sino que tendrían que explicar y describir el significado que deseen hacer comprender a los oyentes o lectores. La política volvería al foro. Los políticos tendrían que saber discutir, hablar. Se estudiarían lógica y retórica como asignaturas importantes.


Los niños en las escuelas no podrían decir que quieren paz en el mundo sino que deberían describir qué es lo que quieren; lo cual les resultaría muy difícil, con lo que a lo mejor podrían empezar por querer que papá y mamá dejen de gritarse. Un amante no podría decir te quiero; debería decir quiero pasar a tu lado el resto mi vida, o haces de mí una mejor persona o disfrutaría un buen revolcón ahora mismo.
Mientras tú te caías en la acera
y te golpeabas la nuca
ellos trabajaban.

Mientras tú te despertabas
en camas desconocidas
ellos trabajaban.

Mientras tú te devoras a ti misma
en un pantocrátor de leche
ellos trabajan.

Pronunciación

Lo peor es su pronunciación. Lo obligo a repetir. Exactamente. El ritmo, el acento, como un rap, como un poema. No se puede despistar del sonido, y usa los ojos para verlo, para ver el sonido cómo nace de la saliva. Mira mis labios. Yo miro los suyos. Los dientes en el labio inferior. Así. La lengua en el paladar. Explota. Explota más. A ver. Miro su boca. Cuando miro sus ojos lo encuentro hipnotizado, como ante un fuego. Y se ríe con frecuencia. Entra la madre a echar un vistazo. El niño ya comprende mis chistes. Este año comenzará a ir a la universidad. Ha mejorado mucho.

Mujer friega

Friega los platos en silencio, con parsimonia. No suele hacerlo a esa hora, pero hoy sí. Friega en silencio. Cuando la interrumpen contesta malhumorada, y es que hay algún problema de ritmo en su voz, en su garganta y, según ella, en el mundo, en lo que la rodea, que chilla a veces como un perro herido y vibra a veces como un gong lento. Se corta en el dedo índice, un corte pequeño que será molesto durante días, y deja que el agua caliente limpie la sangre. Los niños vienen por tercera vez a acusarse mutuamente. Gritan. Entonces es ella quien grita. Los niños lloran y ella se agarra con las dos manos al fregadero y pega la frente en el armario de los vasos, y se queda así, jadeando.
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