15/3/18

Dios en la ría

Atraviesa la ría un puente lanzado, un lento coche en él azul. La familia dentro.
Ven las barquitas, las banderas tirantes en los castillos, en los hoteles.
Se ven no se oyen clarines de metal
cómo tensan el aire.

La ría es una cópula de sal.

Del lado contrario al horizonte un titán, un dios.

Hilos de hierro atraviesan sus pantorrillas. Así aguanta el dolor y no revienta. Tendones y cinchas, mente dispersa en el paisaje, fuerza con cuero en la cintura atada.

Cráneo de caracoles.
Riega el mármol sangre espesa. Venas negras en sus muñecas.
La ría es una cópula de sal.

Dios se enerva.

Carga como si fuera un fardo a un niño de leche.
Lo sostiene por el tobillo. Sus muslos blandos, los labios combados, las rosas.
Dios: ingles de mármol de sangre lenta.
El dios escucha los estandartes.
Se detiene al borde de un grito salvaje.
Entonces hace del niño una honda,
un molinete sobre su cuerpo.
Lo blande entre gaviotas. Mazo de carne.

El niño es el sol.
Tiende los brazos. ¿A quién llama?
Mudo.
Dios huesos de piedra querría reír.

En el puente lanzado en el coche azul la familia: ojos dilatados por el miedo.


La ría es una cópula de dulzor y mar.

El niño es el sol. Está enfermo y su giro amenaza el cosmos.
Tiende los brazos.

Sol niño blandido como hacha.
Eco del chirrido de las banderas.
Todo amenaza el desorden del sol, la necesidad del dios huesos de piedra
de provocar un estallido.


El dios niño blandido
como un hacha. El sol
amenaza el cosmos.


Se hincha la ría, paisaje duro.

9/3/18

Súplica

¡Oh, Dios mío!
Dame un corazón puro y un alma vigilante.
Libérame de mí misma
y permite que me acerque a Ti.

('Abd-ar Rahman Jami, Yami)

17/2/18

1943

«...era la imagen del mal secreto del que sufría gran parte de la juventud europea en todos los países, tanto vencedores como vencidos: la oscura tendencia a transformar los ideales de libertad, que parecían ser los ideales de todos los jóvenes de Europa, en anhelo de satisfacción sexual; las exigencias morales, en rechazo de todo tipo de responsabilidad; los deberes sociales y políticos, en vanos ejercicios intelectuales, y los nuevos mitos proletarios, en mitos antiguos de un narcisismo desviado hacia la autoflagelación.»

Ejem.
La piel, Malaparte.

13/1/18

Lo que más duele es sonreír

Lo que más me duele es sonreír a los niños. Se me rasgan las comisuras de la boca y duele, oh, cómo duele. Llegan los abuelos con niñas preciosas o querubines y les dicen que me digan hola, arrancándome así de mi saudade salvaje, mi alegría bestial, mi nostalgia de lo no vivido. Llovía, y ahora, de repente, brilla el sol en los charcos, en los canalones. Cómo me duele tener que sonreir a los niños. Empiezo a tocar el tema de El padrino y, como en broma, paso a la música de mi tierra: loca, ¡loca!

Los abuelos se quedan quietos hasta que los niños me dicen hola con la mano, asustados. Y esperan mi respuesta: una sonrisa. Algo. Y tengo que sonreír, porque me dan más limosna por sonreír a los niños que por tocar el acordeón. Así que estiro los labios, arrugo los ojos, y siento que de la mandíbula se me desprenden partículas amargas, que trago. Inclino la cabeza. A veces tardan minutos enteros en dejar de observarme, con esos ojos curiosos y serios.

28/12/17

Traición

Me preguntaron esta tarde cuántos hijos tenía.

Dije: «Dos».

No sé qué fue. No deseé tanta violencia. Era una situación ligera. Social.

Traición.
Traición.
Lloro de traición.

Tres. Tengo tres.
Tengo tres.

Te va a llegar

Subo la cuesta arrastrando los pies. Ya oscurece.
Una mujer borracha a la puerta del bar le dice a otra con ojos despavoridos y poniéndole la mano en el cuello: «Tía, tía, que te va a llegar, que a todos nos llega, que te va a llegar».

Felicitación de Navidad

Tengo estos días sueños breves e intensos de los que regreso como si saliera a la superficie, ahogada.

Soñé en la siesta que me arrastraba lejos del fuego, sobre la nieve. Hacia el bosque.

Volví de golpe.

También soñé,
vi una película así hace meses, es cierto,
que Emily Dickinson escribía
en el corazón de la noche
alumbrada por una sola vela.

Nadie la ve.
A nadie ve.

No llora ni aturde sus sentidos.
No se embebe en pantallas.

Escribe a mano en silencio.

Tiembla una pequeña llama.
Es el corazón de la soledad.

Esta noche es la del nacimiento.
Amigos, feliz noche:
No os alejéis del fuego.

26/12/17

Excusas

Llueve sin descanso.

Voy a por un café de llevar y veo en la tele mientras me lo preparan a un hombre en actitud humilde en un juzgado. El titular dice que se muestra arrepentido. “La vida a veces te lleva a situaciones extremas”.

Observo su actitud humilde y su corte de pelo y pienso: "Qué habrá hecho éste. Qué excusa la de que la vida te lleva tan estúpida. Lo único honorable es el suicidio o, si no hay valor, dar la vida por los demás. Dedicarse a cuidar leprosos hasta la muerte."

El camarero empieza a insultarlo y me saca de mi ensoñamiento. Río ante lo que me parece un exceso porque la ira excesiva me parece siempre cómica y pregunto que qué ha hecho ése. Me dice entonces que mató con una motosierra a sus dos hijas pequeñas.

9/12/17

Diario de nínfula

Mis diarios han sido motivo de sorna durante toda la vida. Sólo dejaron de interesar a mis hermanas cuando crecimos mucho. Nada gusta más a mis hermanos que recordarlos, sobre todo ante los niños. En éste son casi todo recuentos de actividad, anécdotas de chicos que me gustan, amigas, familia, colegio. Pero a veces me pongo un poco estupenda, además de repipi.

(12 años)

Nota a Fany -mayor-
Fany: si cuando seas mayor conservas este diario, solo quiero decirte algunas cosas.
Si eres una gorda llena de hijos, ignorante y cotilla, quiero que sepas que no hay nada que yo odie más. No voy a envejecer, sino que seguiré toda la vida siendo joven de espíritu. Mis planes son: no se que profesion seré, aunque a mi me gustaría ser actriz, dar la vuelta al mundo y saber mucho; no me pienso casar hasta los cuarenta años lo menos y lo que tengo muy claro, es que siempre estaré muy unida a mis padres, mis hermanas y toda mi familia.
***
Ah, estoy pensando que mi abuela no va a morir, pero, que si así ocurriera, me imagino mi sensación al leer este diario.
La quiero mucho, mucho, y lloraría mucho si se muriera, pero simplemente está enferma y...
¡Qué asco me doy! No se si es verdad, pero estoy utilizando a mi abuela para comprobar mis dotes de adivinación y en el fondo estoy pensando que se va a morir, pues soy muy pesimista, pero no quiero, no.
Parece que hoy tengo ganas de filosofar, pero no sé expresarme. Tengo tal revoltijo de ideas en la cabeza que...
A veces e pasa que estoy haciendo una operación donde hay que pensar mucho, y por un momento veo la solución, pero luego pienso para mi: "Es muy difícil, ya lo haré otra vez". Otras veces, por un segundo me imagino qué pasaría si yo no hubiera nacido y por menos de un segundo puedo imaginarme el vacío; que no existo; sin embargo, como ya dije, dura menos de un segundo.
***
Voy a ver si consigo acabar El señor de los anillos, que había empezado ya hace tiempo, porque llevo unos días que ni leo, ni escribo ni dibujo, ni estudio, ni nada; sólo hacer el vago.

(13 años)

En días como hoy, me encierro en mi, y siento ganas de leer y de escribir. Además, no sé si es que soy masoquista o qué, que me gusta, me siento limpia y natural, como si ya no existieran los coches de choque, las discotecas, los bares...
***
Me da por pensar estos días ¿qué haré? dedicarme a fumar, beber y porrearme o no hacer ninguna de las tres cosas y llevar una vida de ecologista empedernido? Creo que por ahora opto por la segunda cuestión, aunque hay momentos en que casi vence la otra. Espero que no. También puede ser divertido vivir sin beber y fumar.
También tengo otra gran duda sobre mi futuro. ¿Qué estudiar? ¿Qué ser?
Todavía no tengo una personalidad definida y esto me preocupa bastante; a veces me da por ser una hippi ecologista; otras por ser una moderna punk y otras por ser una elegante clásica, aunque esa es la que menos. Lo que sí tengo seguro es lo que referente al asunto de los chicos, del matrimonio y del estudio. Chicos, todos los que quiera, matrimonio nunca, y estudio mucho, lo que sea.

1/12/17

Veneno, ojo, temblor

Un hombre abrió la boca negra para ingerir la muerte como Cronos a su hijo. El ojo de pronto anciano brillaba de aceleración. De vértigo.

Uno de los dos Jordis lleva siempre puesta una máscara africana, emplumada, enorme.

No correré tras mis pensamientos. Los llamaré con voz encauzada en mármol. Los recogeré como recoge un samurai su temblor.

No mariposearé de mantra en mantra como en un puesto de bragas del mercado.

Amaré mi rutina como una tejedora sus muchas patas.

Buscaré la poca belleza. Piedras de grano violento que por dentro sean piedra, piedra más produnda.

24/11/17

Azul

Cayó de una patera al centro mismo de la tierra.
Llevaba en la mano la oreja de un amigo.
Susurraba.
Cayó de una patera en un agujero azul.

22/11/17

Camino

Debemos caminar sin pensar porque haya sólo un camino. Un explorador no medita: camina absorto en la novedad, decidiendo, tomando todo en consideración, buscando señales, sospechando fieras o aguas. Un caminante del camino llano, del camino recto entre praderas, no piensa. Sólo camina. No se embebe de la misma forma que el explorador en el mundo. Su camino es interior. Se aquietan sus pensamientos mientras viaja al centro de sí.

7/11/17

Inteligencia

El hábito maestro, el que arrastraba con él todo lo bueno y hacía imposible lo malo, era madrugar. El arrepentimiento me llena. Pero el arrepentimiento es pura arrogancia: oh, qué bajeza de ti, haber caído, haber fracasado, haberte gastado en sufrir durante toda una vida. Deja que te atraviese, como dejas que el miedo o el dolor te atraviesen, para seguir a otra cosa. Relájate, no resistas. Basta de escabechinas.

Creo que me permitiré este experimento que, por sencillez y no poner títulos, llamaré "Diario". 

Magnífica novela de Cynthia Ozick, La galaxia caníbal. Sobre la inteligencia, en realidad. Me pregunto si no hay inteligencia que sigamos admirando una vez la hemos penetrado. Una vez que descubrimos en esa inteligencia clara  el resorte, la pata rota que todas las otras se ejercitan en compensar. Averiguamos cómo construye su andamiaje en torno a la debilidad, para ocultarla. Masas estelares que curvan el espacio tiempo. Quizá la inteligencia más alta es aquella que nada desvía de su trayectoria pura, ningún abandono infantil, ningún miedo a la oscuridad, ninguna confianza traicionada. 
La admiración pierde pureza cuando la inteligencia admirada pierde pureza. A cambio, se enriquece de amor. La lucha del niño por dejar de llorar es la que nos estremece. 

30/10/17

Las SS

«Por aquella época consideré la posibilidad de incorporarme a las SS. ¿Por qué? Porque un hombre de las SS tenía un aspecto mejor y hablaba mejor y caminaba mejor que los mortales corrientes. La razón era la estética, no la ideología. Una fuerte corriente erótica oculta me impulsaba mientras discutía el asunto con otros soldados. A menudo me olvidaba de ponerme a cubierto durante los combates. La razón no era el valor —soy un gran cobarde y me asusto fácilmente—, sino la excitación: llamas en el horizonte, disparos, voces confusas, ataques desde aviones en el aire y tanques en el suelo: era como un escenario y yo actuaba en consecuencia.»

Matando el tiempo, autobiografía de Paul K. Fereyabend

No conozco al autor, filósofo, ni he leído la obra, que, estoy segura, merece ser leída y quizá algún día lea, pero quizá no. Encontré la cita por ahí.

La copié porque expresa mi pensamiento. Siempre he dicho que si los nazis hubieran tenido otro uniforme no habría ocurrido lo que ocurrió. Pero eran sexies.

Los jóvenes, en general, y los imbéciles no tienen verdaderas ideas. Tienen imágenes, carcasas de ideas, la estética los mueve: gestos con las manos, palabras, ropajes, risitas, complicidades, cortes de pelo, formas de expulsar el humo, drogas preferidas, soniquetes. Por eso, por la estética de ciertas ideas, porque ciertos tópicos arropan y nos insertan en un grupo o una corriente (¡rebelde, fuerte, de puño o mano!), eligen la mayor parte de los jóvenes e imbéciles sus ideas, su ideología, ese entramado en que unas ideas arrastran a otras y en el que deberían producirse cortocircuitos (¡deberían, pero ni siquiera; la lógica no importa!) porque aparecen contradicciones: ¡aparecen los judíos, aparecen las mujeres de derechas, aparece el masoquismo, aparecen los transgénicos, aparecen los comunistas especuladores en propiedades, aparecen los funcionarios anarquistas, aparecen los ecologistas consumistas, aparecen los sometidos manipuladores!
En fin. Últimamente tengo ganas de insultar. Qué le voy a hacer.

23/9/17

Claritas est quidditas

Las tres condiciones de la belleza

Integridad, armonía y resplandor son las tres condiciones de la belleza. (...)   Pasemos a la tercera cualidad. Durante mucho tiempo no entendí lo que quería decir santo Tomás, pero ya he logrado desentrañar la metáfora que utiliza (es muy infrecuente que recurra al lenguaje figurado). Claritas est quidditas. (...) Este momento lo denomino epifanía. Primero percibimos el objeto como una cosa íntegra; luego como una estructura compleja y organizada: como una cosa, en rigor. Finalmente, una vez comprobada la perfecta articulación de sus partes, lo reconocemos como esa cosa; su alma, su esencia se nos revela de pronto, más allá de su apariencia. El alma del objeto más común resplandeceante nosotros. El objeto alcanza entonces su epifanía. (Joyce, SH, pp. 212-213).

Comentario:

Porque la cosa se embellece cuando la amamos y amarla es atenderla. No toda cosa, sólo la bella. Algo que, por más atención que le dediquemos, no resplandece, es feo.
Feo es lo que, por más atención que le dediquemos, no resplandece. Bello es lo contrario. Y el mundo está lleno de belleza. Hay que saber verla. Se puede entrenar.
Hay quien ve belleza por todas partes y quien sencillamente no ve belleza alguna en el mundo.

19/9/17

Las tres condiciones de la belleza, James Joyce

Las tres condiciones de la belleza (...) Integridad, armonía y resplador son las tres condiciones de la belleza.
Primero percibimos el objeto como una cosa íntegra; luego como una estructura compleja y organizada: como una cosa, en rigor. Finalmente, una vez comprobada la perfecta articulación de sus partes, lo reconocemos como esa cosa; su alma, su esencia se nos revela de pronto, más allá de su apariencia. El alma del objeto más común resplandece ante nosotros. El objeto alcanza entonces su epifanía. (SH, pp. 212-213).
(Claritas es quidditas. Santo Tomás. Esencia.)

El otro día estuve pensando en mi novela. ¿Cuánto tiempo llevo con ella? ¿Vale la pena seguir? (Carta a Stanislaus Joyce, Roma, 10 de enero de 1907, en Selected Letters, p. 143).

He leído ese capítulo varias veces. Tardé cinco meses en escribirlo. Cada vez que termino un episodio caigo en una apatía total de la que parece imposible que salgamos yo y el maldito libro. (Carta a Harriet Shaw Weaver, Zúrich, 20 de julio de 1919, en Selected Letters, p. 240).

La imaginación no es sino la reelaboración de lo recordado. (Cita de Vico, en Ellmann, op. cit., p. 661).

La poesía no tiene apenas en cuenta los ídolos de la gente común, ni la sucesión de las épocas, ni el espíritu de su época, ni la misión de su comunidad. La tarea esencial del poeta es la de librarse de la influencia de los ídolos que lo corrompen totalmente. (CW, p. 135).

El hombre de genio no se equivoca. Su error es deliberado: el umbral de una revelación. (U, p. 182).

El escritor no debería escribir nunca sobre lo extraordinario. Eso es tarea del periodista. (Ellmann, op. cit., p. 457).

Nadie desconfiaba tanto como él del fervor de los patriotas. Como artista no sentía
sino desprecio por toda obra que no hubiese surgido de la disposición más estable del
espíritu. (SH, p. 204).

Sabatini, Federico (ed.), Sobre la escritura, James Joyce. Disponible: https://drive.google.com/drive/folders/0B1Uk0OUWn7NxVVllQjAtNGFTMDA

10/9/17

Mi amor ha venido a mi

Mi amor ha venido a mí. Lo llamé yo con un estúpido truco, una especie de sortilegio que, sorprendentemente, funcionó. Oí su voz en la habitación de al lado.
Era más alto y más delgado, pero tenía el pelo tan corto como la última vez. Decía: ¿dónde has estado? Me observaba con tristeza y cierta desconfianza, pero luego, en el abrazo, nos fundimos. No puso reparo. Tenía rizos rubios entonces y su peso era perfecto. No se puede imaginar. Qué felicidad loca.
Pero había prisa. No perdí el tiempo en preguntas inútiles sobre la existencia y la muerte. Sólo quería volver a verlo. Insistí. Quería certezas. Él parecía casi resignado. Cansado. Yo no cabía en mí de felicidad. Lo entreveía, no lo reconocía de continuo. Siempre que lo veo está así. Un poco triste, un poco zombie. Verdoso. Con ojeras. Qué esfuerzo reconocerlo. Así, como si saliera del fondo un instante y abriera los ojos mirando al cielo para volver a hundirse, verlo, saber que es él. Felicidad. Abrazo. Cuerpo. Manos en mi cara, mejilla en mi cuello. Incluso hablaba: ¿Dónde has estado? Giros, giros. Abrazo, abrazo.
Tenía su palabra. Creía que podría, sí. ¿En un mes? Sí. Eso creía. Sabia mucho más de lo que decía. Estaba ocupado, pero para mí hubo compasión y, aun más, amor. No sólo resignación y pasividad, no. Él me quiere. ¡él me quiere! Él es mío y yo soy suya. Tenía su abrazo. Aún lo tengo. Es todo lo que quiero.     

1/9/17

Paz de los ojos en blanco

Contemplan aterrados lo que aman porque lo perderán.
He entendido ahora, de pronto, a esos desgraciados que sufren cuando aman.
Lo he entendido justo ahora, por la paz. Preciosa como un renacuajo en la palma mojada de un niño, una columna de sol, silencio con restos rosas al atardecer.
La gratitud me ocupa entera y me desmaya. Estoy enamorada de la paz.
Pero suenan tambores a lo lejos. Me temo tanto. La ceguera, la repetición terca de lo mismo.
Además, no debo ser demasiado feliz porque el mundo está lleno de sufrimiento y puedo ser castigada. Si no sufro yo, podrían ser castigados otros. Otros. Los que amo. Beso el suelo, aprieto los ojos, rezo o como se llame, lo que sea. ¿Se acercan los tambores? Remonta el tam tam.
¡Ah, pero esta paz! Perfecta. Un poco muerta, que la perfección es muerte. Los vencejos anidan en los tubos de ventilación de los edificios en este patio terraza que parece una cala al fondo de un acantilado rojo.
El sol recorta unas fachadas sobre otras. Hace geometrías intensas.
Una sábana es agitada por la brisa en un tendedero.
La temperatura es perfecta. Mediados de agosto. Puedo atravesar la sombra con mi mano, el aire ensombrecido con mi mano: lo penetro. El sol aún ilumina el cielo.
Se pondrá pronto.
¡Esta paz!
Cómo puedo apresarla.
Qué ejercicios de estiramiento y fuerza he de hacer para que se quede, qué hábitos asentar, qué rutina implementar, qué sacrificar y a qué dioses, a qué profesional...
Cómo puedo no perderla.
Se irá. Me dejará. Me abandonará por otro.
Lloro.
Es tan perfecta.
Me pone los ojos en blanco.
Cuánto te añoro, paz de los ojos en blanco, y aún no te he perdido.

12/8/17

Los dioses y los budas


He soñado que los dioses se habían reunido encima de esta casa.
Puedo oír sus voces.
¿No es acaso un bendito acontecimiento?
Los dioses y los budas no me abandonarán. Es algo casi demasiado bueno como para ser verdad.

(El abuelo agonizante en Diario de mi decimosexto año, relato de La bailarina de Izu, de Yasunari Kawabata.)

2/8/17

Vírgenes

Setenta vírgenes de rizos entrecanos y gafas se han reunido para renovar su propósito de mantenerse incógnitas durante otro año más. Están contentas alrededor de un viejo al que ni la mitra ensalza. Impenetradas. Miro la foto de las señoras agostadas en rama, sus tobillos gruesos. Pienso que no se lo van a poner difícil.
Pero luego imagino. Otro año más. Otro año más sin conocer eso que el mundo desea y en cuya busca vuelve siempre, animal ciego que horada con la cabeza. Imagino esa piel incólume de las vírgenes ajadas, esos anillos de carne nunca refregados, esos labios que no han sido retorcidos, no han comido, no han hozado. Fieras sencillas sueltas desprendidas enteras a las que el aire no hiere. Imagino. No han gemido de anticipación al ser abiertas por dos manos. No saben del rojo henchimiento, del dulce tragar. Desconocen la crecida y los jugos del derretirse. No saben cómo se cae despacio, muy despacio y deshaciéndose, en otro que en ti entra deshaciéndose, ese amor único. No saben del desvanecimiento en el sin fondo de peces abisales, eléctricos. De las sacudidas.
Imagino la entereza. La angustia de la completud. Espíritus igualmente lisos, inmaculados, cerrados a la penetración y al parto. Sin deseo, y sólo atrofiando el deseo pueden sostenerse esas sonrisas, cómo se camina día tras día. Qué mueve. Se reposa sobre alféizares a ver pasar el mundo, se habla en voz baja con hombres romos, hombres sin brazos, en mañanas y tardes que tienen la textura de una viñeta infantil.
Angustia de la completud. He sido cruel.
Iría a ellas y yo misma las desvirgaría, las ensuciaría de esperma y barro. Todo por acabar con esa tersura, ese desconocimiento de toda caída. Al menos las abrazaría. Les haría sangre. Las mordería. Cómo no romperse alguna vez en la vida, cómo amar sin abrirse, sin romperse para dar entrada, para dar salida.
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